El santo negro
El barrio Camba Cuá, situado en la ciudad de Corrientes, ha sido un trascendental escenario en la historia de la población afrodescendiente de nuestro país. Hasta principios del siglo XX fue un suburbio de caseríos pobres donde se concentraba el más importante reducto negro de la provincia, muchos de cuyos hombres adultos habían participado en la Guerra infame de la Triple Alianza.
Casi un siglo después, Camba Cuá ha sufrido numerosas transformaciones, cambiando su gente y su fisonomía. Pero quedan importantes vestigios de aquellos tiempos. Aún sobrevive el culto a San Baltasar, el santo negro, el santo candombero. Algunos vecinos albergan la figura del santo en sus propias casas, hasta el seis de enero, el día de su homenaje, fecha en que lo sacan a pasear por las calles en una bulliciosa procesión acompañada por la danza y los tambores. Cada seis de enero, el barrio se congrega para celebrar la fiesta de su patrono: San Baltasar, el más negro de los Reyes Magos.
Osvaldo Caballero tiene a su cuidado dos figuras del santo, una de algarrobo y otra de yeso, que mandó a construir especialmente para continuar la ceremonia que tantas veces vivió de niño. En la actualidad, toda su familia participa activamente en la organización de la fiesta y trabaja por la difusión e investigación de la cultura afro en el barrio y la ciudad de Corrientes. Hace unos días nos recibieron en su casa y en una larga mateada durante el atardecer, nos contaron de dónde viene y qué significa este culto que gran parte del barrio lo ha asimilado como propio.

—Yo soy nacido, criado (y si Dios quiere me voy a morir acá) en el barrio Camba Cuá. Muchos de mis contemporáneos ya se fueron a otros barrios… todos mis amigos, mis amigos de la infancia… la gran mayoría, prácticamente todos. Y acá quedamos uno o dos nomás, de los que antes vivíamos, en la época en que las calles de este barrio eran todavía de tierra. Hasta el año 1977 todas estas calles eran de tierra. Yo nací en el ’53, así que durante toda la década del ’60 y hasta pasada la mitad de los ’70 las calles del barrio eran calles de tierra. Cuando yo era chico, durante mi infancia, yo he conocido gente negra. Un señor que… bueno, a mí me quedó el apodo con que todos lo conocían, porque nunca supe su nombre ni apellido, pero nosotros le decíamos Don Sepí, y era un hombre negro jubilado del ferrocarril. El ferrocarril estaba acá en la entrada del puente, ahí estaba el ferrocarril Urquiza. Nosotros teníamos ese medio de transporte que era muy popular y es una lástima que se haya perdido, una cosa tan interesante. Después acá en el barrio había otra señora: doña Miguela. Me acuerdo dónde vivía y todo, pero desconozco sus orígenes y sus antepasados. Me gustaría investigar sobre el asunto.
Esta zona del Camba Cuá es una zona muy querida, muy preciada desde el punto de vista edilicio, vos fijate que en menos de diez años, en la última década, se llenó de edificios de altura, cuando antes eso no existía por acá en el barrio. En la época de las calles de tierra todavía yo conocí, digamos, lo que era medianamente el suburbio de acá de Corrientes. Ésta era la parte postergada de la ciudad, de manera que, de acuerdo a lo que yo leí, con mucha más razón en la antigüedad esto era absolutamente un lugar habitado por gente negra, había muchos negros. Y bueno…ellos tenían sus santos y realizaban sus propias fiestas. Después, con el correr del tiempo, fueron pasando seguramente estos santos y quedaron ya a manos de familias conocidas que acriollaron las fiestas… dejaron de tocar el tambor y cosas por el estilo… y desarrollaron las fiestas a modo criollo, donde se lo tiene al santo en un determinado lugar, se escucha música, se baila, se reza el rosario. Y bueno... quedan reminiscencias, en lo que hace a lecturas que yo he podido rescatar, de, por ejemplo, la negra Salomé, que lógicamente eso está en los escritos. Yo no conocí porque sucedió antes de que yo nazca. Allá por la década del ’20, fue más o menos, 1920… 1930… Ya para 1940, 1950 toda esta fiesta era solamente de tipo popular, cubría un amplio espectro en el barrio, y la particularidad que había para esa época es que había varios santos en el barrio. La familia Cosio, la familia Bedoya, la familia Villanueva… eran quienes tenían a los santos en cada una de sus casas. Y bueno… esa particularidad que mencioné es que las familias procuraban que en cada una de las fiestas su santo fuera el mejor provisto, en una especie de competencia, era una oportunidad de resaltar ante la comunidad, brindar al santo una buena atención y todo lo mejor que se le pueda otorgar frente a los demás vecinos del barrio en ese contexto festivo. Había como una rivalidad para sobresalir en ese sentido.

—Entonces, con el correr del tiempo, lo último que yo me acuerdo, es que la familia Cosio desaparece y queda el santo a manos de una familia de apellido Abad, que particularmente a partir del punto de vista político pertenecía al Partido Autonomista, de perfil conservador, y cuyo color era el rojo, mientras los liberales, sus contrarios, se identificaban con el color azul. Entonces, coincidentemente, el color del rojo es el color que también determina al color del santo San Baltasar. Y desde el punto de vista religioso popular, me doy cuenta de que la mayoría de los santos populares tienen el color rojo, como el gaucho Gil, Santa Librada… es como el pendón que elige la gente, es el color que resalta y se ve de lejos. San Baltasar, por momentos, tenía sus banderas (ahora también las tiene, porque las hago yo) y se salía por el barrio a hacer la procesión durante el día 5 y se llevaba, en su momento, a una iglesia que está acá en el casco céntrico, que es la iglesia de La Merced, frente a la plaza 25 de Mayo. Particularmente, ahora tenemos acá una capilla que es de la María Auxiliadora y que pertenece al Instituto Pío XI y que ya institucionalizó, digamos, hace un tiempo atrás, la misa a San Baltasar propiamente dicha, que se realiza ahora todos los 6 de enero. Anteriormente la misa era comunitaria. Sólo se hacía mención al santo, se mencionaba que el 6 de enero era la fiesta de San Baltasar, pero ahora ya se institucionalizó de forma permanente, y entonces nosotros llevamos los santos a esta capilla de Pío XI, que queda sobre la costanera.
Bueno… aquella fiesta se fue perdiendo porque alguna gente después falleció y el cuidado de los santos quedó en manos de los hijos. Otras familias, con el “progreso” y el pasar de los años, emigraron, se trasladaron a otros barrios o se fueron a Buenos Aires. Acá en frente hay un santo cuyo cuidado está a cargo de la familia Valenzuela, y ese santo estuvo muchos años en Buenos Aires. Después, con el tiempo, volvió, y ahora lo tenemos de nuevo acá en el barrio. Y bueno… se pierde esa esencia de la fiesta propiamente dicha. Yo me acuerdo que de chico la gran fiesta era acá en lo de los Abad.
—¿Podría hacernos un breve desarrollo de cómo eran las fiestas cuando usted era chico?
—La fiesta comenzaba a partir del 25 de diciembre, porque tradicionalmente… (otra cosa que se perdió también) era el armado del pesebre, donde las familia hacían la representación del nacimiento. La tradición era que cada familia —y ésta era otra tradición de tipo competitivo— trataba de hacer el mejor pesebre, porque daba prestigio ante los demás y demostraba respeto hacia la festividad. Y nuestra costumbre, de chicos, era ir a visitar a estas familias, entrar y ver los pesebres que se armaban en un determinado lugar de la casa. Se utilizaba particularmente el espinillo, que es un árbol que tiene cuando se lo corta, tiene la particularidad de que las hojas se secan pero no se caen. Entonces se lo adornaba con guirnalda, papelitos de colores, etc.
Bueno, a partir de ahí ya teníamos la presencia de los Reyes Magos, los tres reyes magos conocidos, y uno de los tres reyes era San Baltasar, que para la familia y para la fiesta era el santo canonizado San Baltasar. Entonces esa familia preparaba su altar con el santo en un lugar céntrico de la casa. Y a partir de ese momento la gente empezaba a visitar. Esa era otra de las tradiciones que existían… San Baltasar con altar propio. La diferencia que hay con San Baltasar rey, digamos, que es uno de los reyes magos que visita al niño, es que la figura del rey está en posición de adoración, arrodillado y entregando una ofrenda al niño, pero la gente, para su culto, manda a construir a San Baltasar de pie, parado, como ustedes pueden ver acá, para que se le pueda rendir homenaje y culto. Esa ya es una iniciativa de la comunidad afro. Ya desde la época en que Artigas se exilia en el Paraguay, ya entre los negros que lo siguieron a él desde Uruguay hasta el Paraguay, había familias que llevaban su santo. En el Paraguay también hay una comunidad cercana a Asunción, llamada Kamba Kuá, las dos veces con ka. Kamba Kuá es una palabra de origen guaraní. Kambá significa negro. Y Kuá es el agujero, y por extensión es la cueva. Entonces, seguramente, y esto ya es una opinión particular mía: me pongo en el lugar de la gente, cuando le preguntaban dónde vivían los negros. Y me imagino que la gente respondía: “En las cuevas”. En las zonas de acá de las riberas del río, donde hay piedras. Ahí era donde estaban asentados los negros, y decirle cueva era una manera despectiva de llamarlos. Porque esto era el suburbio total. Venía muy poca gente. Acá las negras lavanderas lavaban en el río.

—Pero era también donde resistía la cultura.
—Efectivamente. Allí estaba asentada la cultura afro. Donde se tocaba el candombe. Pero ya después de todo lo que te hablé… (nosotros estábamos hablando sobre las fiestas populares acriolladas totalmente, que es lo que te estoy mencionando respecto de los Abad) ellos ponían el santo, que era lo vos me preguntaste… Y bueno, se lo seguía visitando, y a don Abad particularmente… porque a mí me queda la figura de don Abad, que era la persona principal de la fiesta, porque él era dueño del santo. Seguramente la señora también tendría su importancia, pero como ella no queda como figura… como por ejemplo doña Mercedes Bedoya, quien era particularmente dueña del santo, aunque eso yo no lo he visto. Tengo lo escrito nomás. Una señora que se sentaba, tenía el altar… le rendían honores también a la dueña del santo, como al propio don Abad.
Y bueno… ya para el día seis se preparaba una gran fiesta. Pero ya durante el día cinco, así como nosotros cuando éramos chicos esperábamos a los Reyes, entre el cinco y el seis de enero, como nos enseñaron nuestros padres, en esa espera de dejar los zapatitos, preparar el pasto y todo ese tipo de cosas… para las fiestas se esperaba el día de San Baltasar. Entonces el día cinco era la gran fiesta, el día cinco a la noche, durante toda la noche, porque la gente tenía que amanecer. Así como se amanece el 24, para esperar el 25 en Navidad, o se amanece el 31 para esperar el año nuevo con bullicio, con fiesta, con comida… Bueno, el día de San Baltasar era exactamente lo mismo durante el día cinco, y se le rendía homenaje a las doce de la noche. Se le hacía lo que se denominaba “el bailecito”. El bailecito, más antaño, era el candombe, propiamente dicho, y ya para estas fiestas populares el dueño o la dueña salía a bailar, en este caso ya un chamamé, porque la celebración ya estaba acriollada, o venían conjuntos, me acuerdo que venían con acordeón, guitarra. En esa época se tenía tocadiscos para pasar música y se festejaba con alegría toda la noche. Y esa era la forma de festejar durante el día cinco, hasta la una o las dos de la madrugada. Después la gente se iba.
La distinción de esta fiesta era la alegría, el bullicio, el baile y la comida. Las familias se juntaban, conversaban… era una fiesta de religiosidad popular muy grande, que en sus primeros momentos no estaba muy bien vista desde el punto de vista católico, aunque de todos modos se permitía que la gente llevara al santo para la fiesta de la Cruz de los Milagros, el día 3 de abril, que es una fiesta muy conocida acá porque corresponde al día de la fundación de Corrientes.
Nosotros a la cruz le decimos “El Santito”, por más que sea una cruz, y la gente venera eso. Y también llamamos así a la imagen misma de San Baltasar: “El santito”, “El Santo”… y otras maneras de nombrarlo es “el Santo Candombero”, “El Santito Candombero”…. Tal es así que la música escrita se llama “Camba Cuá”, no sé si ustedes conocen, escrita por Osvaldo Sosa Cordero. Él ahí en la música cuenta perfectamente lo que era la fiesta en el momento en que era desarrollada principalmente por los negros. Nosotros ahora estamos hablando de la parte más criolla.
Entonces… se lleva al santo a la iglesia… algunos lo llevaban el día cinco a la noche o a la tarde… otros lo llevan el día seis, un rato a la tarde. Lo entronizan, lo dejan en un lugar del altar de la iglesia, se escucha misa, y después se saca al santo y se lo regresa a la casa, mediante una procesión desde la iglesia de La Merced hasta cada uno de sus lugares de residencia. La procesión tiene mucha importancia: hacer pasear al santo por las calles del barrio. Y la procesión debe ser lo más bulliciosa posible, lo más bullanguera. Se compraban, cohetes, bombas de estruendo, se llevaban banderas, bombos… Y el día seis se lo llevaba nuevamente a la casa, se lo entronizaba y bueno… ya quedaba la gran fiesta de la noche, hasta que amanecía el día siete.
—Hay una concordancia, digamos, con otro santo muy popular que es el gaucho Gil, que según la historia dice que el gaucho Gil salió de la fiesta de San Baltasar, allá en su época, y se encaminaba hacia el monte de la zona rural de Mercedes. Y es por ahí donde lo agarran y lo matan el ocho de enero, una fecha muy cercana a la fiesta de San Baltasar. La historia cuenta que él venía de la fiesta.
—Lógicamente que la fiesta de San Baltasar está diseminada a lo largo de toda la geografía de la región. Inclusive algunos se fueron a Resistencia. Tal es así que una familia de apellido Francia, que vivía en Camba Cuá y era de origen afro, cuando se fueron quedó el nieto encargado del santo. Después te voy a mostrar la foto.
Y bueno… la fiesta terminaba con un gran baile. Y luego se despedían.
—Cuando yo era chico ya no se tocaba candombe. Esa tradición quedó arraigada en una localidad de acá del interior de Corrientes, que es Empedrado. Allá, durante la celebración de San Baltasar, todo el tiempo están tocando tambores, porque para ellos es una forma de orar al santo. Cuando tocan están orando, le están hablando al santo, le hacen pedidos, entrar en comunión con él. El santo San Baltasar, por ser venerado por los negros, por los africanos, por los descendientes afro de los esclavos… porque el negro africano no vino a la Argentina o a América porque quiso, no hubiese venido nunca como así lo hicieron las grandes corrientes inmigratorias que a lo largo de la historia argentina formaron importantes colonias europeas. Pero el negro, una vez que fue traído por la fuerza, pasaron varias generaciones hasta que fue abolida la esclavitud, y para ese entonces el negro ya estaba arraigado en esta tierra. Tenía familia, hijos, hermanos, tíos… y así ocurrió a lo largo de todo el continente. Y en Argentina, en particular, los negros quedaron muy solapados, muy escondidos, muy silenciados, en la sociedad y en la cultura. Incluso hay descendientes afro que reniegan de su condición, reniegan de sus raíces pero por una condición de maltrato que han tenido. Como una estrategia de supervivencia.
En julio de 2007 nosotros asistimos en Buenos Aires a un congreso organizado por el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), de donde trajimos alguna información interesante.
—Yo te confieso que anteriormente, cuando uno decía “negro”, era en forma despectiva. Sin hipocresía, te lo digo. Pero ahora me disgusta decir “el negro”, porque ahora estoy consustanciado con todo lo concerniente al pueblo negro. Tengo mucha información y hemos compartido varias cosas. Nosotros no sabemos exactamente qué ascendencia tenemos. Seguramente seamos descendientes de antiguos esclavos africanos. La información se pierde en el árbol genealógico y no sabemos. Pero podemos ser.
En nuestro caso particular, nosotros somos devotos de estos santos por vivir acá en el barrio. Como yo nací y me crié acá, y con el tiempo pienso que voy a morir acá, yo me planteé que no podía ser que no tuviera imagen. Y eso es lo que me motivó a encargar la construcción del santo. Y se lo encargué entonces a Gregorio Cabrera, un gran artesano que tenemos acá, un artesano muy hábil que hace poco viajó a Francia. Él hizo el santo con algarrobo. Es ese que está ahí a la derecha. El otro es de yeso y se lo mandó a construir mi mujer para mi hija.

—Acá en el barrio Camba Cuá había negros que hacían la fiesta que heredaban de sus ancestros. Pero así como el negro fue traído compulsivamente, también así fue compulsivamente insertado en la religión católica. Pero no fue una asimilación pasiva. Ellos sincretizaron su religión afro con los santos católicos. Mi sentido común lo indica: si yo soy negro, voy a elegir un santo católico que tenga piel negra para que yo pueda exteriorizar y manifestar mi propia religión de manera solapada. Yo soy devoto de un santo en el cual me identifico. Porque cuando yo estoy orando a mi santo, indirectamente lo estoy haciendo a mi dios particular. Porque los africanos son politeístas animistas, y para hacer un paralelismo con la religión cristiana, en la cual existen intercesores ante dios (el referente máximo es Jesucristo, pero también hay una gran cantidad de santos… Bueno, en la religión africana suceden cosas similares. Pero ellos, particularmente, ellos interpretan que ese intercesor puede estar vivo en un determinado momento, a través de una persona particular, puede tomar posesión y encarnarse en su cuerpo, a través de un niño, a través de una persona mayor a quien la gente le tenga mucho respeto. Y entonces así, a través del baile, de la danza y del toque de tambor, ellos hacen bajar el espíritu y se encarna en esta persona, y estas personas son las que están encargadas de recibir los pedidos de la gente, que consisten en bendiciones, un bienestar para la familia o para sí mismo, salud, trabajo… pedidos vinculados a lo que un ser humano puede pedir a un ser superior en cuanto a un bienestar futuro. A lo que yo quiero llegar, y que pretendo desmitificar rotundamente en cuanto a la religión africana, quiero desmitificar absolutamente la religión africana respecto de lo que es el umbandismo. El umbandismo no es malo, como tampoco lo es el vudú en Centroamérica, en la zona de Puerto Rico, Haití, etc… o el kimbanda… Se tratan de manifestaciones religiosas africanas, en las cuales ellos tienen su ritual y su forma. Así como nosotros tenemos el culto, la misa, los templos, los santos… y tenemos todo un esquema para poder adorar a nuestros seres superiores, o a nuestros seres divinos, ellos tienen sus propios esquemas. Pero lamentablemente, y esto me lo explicó muy bien Pablo Cirio, un investigador del tema… lamentablemente en la Argentina, la religión umbanda está en manos de gente que no es africana. Y yo tengo entendido que la religión africana no puede ser practicada por otra persona que no sea africana. El que no es negro, o por lo menos descendiente afro, no puede usufructuar esa religión, porque no llega a abarcarla en toda su magnitud, porque no puede entenderla en toda su dimensión. Y lamentablemente, el umbandismo está en manos de gente que le da un sentido comercial. Hay gente, por ejemplo, que se autoproclama pai. Y ese pai usufructúa la religión aprovechándose de la desesperación y la falta de conocimiento que tiene la gente. Las personas, en medio de una crisis, entran a tener fe en esta gente y empiezan a pedir cosas que no corresponden. Por ejemplo, la religión católica tiene determinados santos para hacer pedidos específicos. Si una chica quiere encontrar novio, le pide a San Antonio. Si vos querés conseguir trabajo, le pedís a San Cayetano. Y así… Pero esta religión umbanda que está instalada en Argentina, a través del Ministerio de Educación y Culto, y acá el culto es libre, sus promotores piden la personería jurídica, de manera que desde el punto legal ellos no son molestados. Pero desde el punto de vista religioso, están haciendo mal a la sociedad. Hacen mal porque ellos usufructúan distorsionando las cosas.
—Usted dice que no son africanos, en el sentido de que no son descendientes de africanos, ¿no? No en el sentido del color de piel.
—No claro. Porque hay blancos, rubios y de ojos azules que son descendientes directos de africanos. La negritud no necesariamente implica que la persona que la manifiesta deba tener piel negra. La negritud no está vinculada al color de piel.
—Otra cosa que yo veo, y que me indica el sentido común… acá hay un santo muy popular cuya influencia ha trascendido los límites de Corrientes, y que incluso lo conocen en toda la Argentina, es el gaucho Gil. Pero el gaucho Gil no es santo. Es un personaje muy venerado, pero que también ahora ya lo acepta la Iglesia católica. Porque la imagen del gaucho Gil es llevada en caballo o de diversas maneras hasta las cercanías de la localidad de Mercedes. Llevan la imagen porque la gente que está en el lugar lo tuvo que personificar al gaucho, tuvo que crear una imagen, cada uno a su medida, porque en su momento, el gaucho Gil sólo era la cruz donde él estaba muerto, y no había una imagen que mostrara cómo era él. Entonces se lo retrató desde ese punto de vista en el que está él con sus boleadoras y toda la indumentaria típica de la zona rural. Y bueno… es una posición que inventó la gente. Es un invento, una recreación popular. No así como San Baltasar. San Baltasar no es tan invento de la gente, digamos. San Baltasar es más verdadero, por decirlo así, porque está traído ya de la época de Jesucristo, y ya está mencionado en la Biblia, con los Reyes Magos, como se les decía. Y bueno, mi sentido común me dice que la gente usufructúa al santo, lo usurpa. Y uno va por la ruta y ve banderas. Yo no estoy con ánimos de ofender a nadie, pero independientemente de que ellos puedan ser o no devotos del gaucho Gil, estoy seguro de que lo hacen para que la gente deje unas moneditas. Está tan extendido ese culto… por todos lados, como lo está también la Difunta Correa.
—O San Expedito…
—Bueno… San Expedito es una cosa muy particular, porque es un santo que (entre comillas) se popularizó hace muy poco tiempo. Cuando yo era niño y me enseñaron la religión católica… nadie me dijo nada de San Expedito. Para mí él nunca existió. Se trata de santos más o menos nuevos, que aparecen de acuerdo a las propias necesidades de la gente. También se ha extendido los cultos de la Virgen Desatanudos, la Virgen del Rosario de San Nicolás…
—Eso también habla de que la religión no es un fenómeno estático sino que es algo dinámico. Es una manifestación humana que se va reformulando todo el tiempo.
—Claro. Eso es lo que ocurre. Y bueno, volviendo al tema de San Baltasar, yo estoy empeñado en procurar que la gente conozca las raíces afro que han tenido una gran influencia en la cultura de nuestra sociedad. Pero tengo este gran contrapeso que es la religión umbanda, que es una religión que me juega en contra porque la gente, en su desconocimiento, mete todo en la misma bolsa. Y existe un gran prejuicio contra la cultura afro. Ven lo que hacemos y ya suponen que somos umbanda. Mientras que otros nos dicen que no podemos tocar tambor porque no estamos alegres ni hacemos candombe puro. En determinados lugares se lo acepta y en otros no. Por ejemplo, en Empedrado hay un gran tambor, en el cual se sientan a horcajadas dos personas, una en cada punta, donde están los parches, y tocan el tambor, y dicen que esa es la voz del santo. Pero acá, particularmente en el Camba Cuá, desde que se perdió, la gran mayoría de la gente no conoce la negritud, el candombe y los tambores. La gente te asocia vagamente. Si de repente traés un tambor e inmediatamente te asocian con la religión umbanda. De todos modos, ahora me están fabricando unos tambores que encargué.
—Nosotros le queríamos preguntar acerca de la transformación del barrio Camba Cuá. ¿Por qué el Municipio lo transformó en parque?

—Esa transformación data de mediados de la década de 1980 y corresponde a la intención de darle al barrio un aspecto residencial. Ahora la gente quiere venir a vivir acá al Camba Cuá, cuando antes nadie quería venir para acá. Esa es la paradoja que uno tiene. Y eso a mí me alegra saber que ocurre. Porque yo acá yo viví de chico y nadie quería venir. Y ahora que es tan distinto yo le comento a mis hijos cómo se dio este proceso. Ahora todo esto se llenó de edificios. Si vos vendés tu casa, te la compra un grupo inmobiliario que inmediatamente va a construir un edificio. El barrio está muy requerido.

—Y en este parque, particularmente, a medida que el barrio fue creciendo (tenemos que empezar otra vez de antaño), la gente que vivía en los caseríos se fue yendo y comenzaron a construir casas, casas normales, como cualquiera de las que hay acá. Pero después, con la reestructuración del barrio, cuando las calles fueron asfaltadas, la Municipalidad decide expropiar cuatro manzanas, tira abajo todas las edificaciones y hace lo que hoy es el parque Camba Cuá, porque se trataba de una zona privilegiada y cercana al río. Entonces reurbanizaron, hicieron obras públicas y todo lo demás para solucionar algunos problemas de inundación que existían por aquella época.
—¿Y acá no sucedió un proceso similar al que ocurrió en Montevideo? Allá la Dictadura demolió los conventillos que constituían los centros de concentración más importantes de la cultura afro. En un principio esos conventillos estaban en barrios periféricos y de bajo costo, pero más tarde, con el crecimiento de la dinámica urbana, esas áreas se fueron encareciendo. Los militares acabaron demoliendo esos conventillos para expulsar y dispersar a la población afro. La expropiación de las cuatro manzanas de Camba Cuá, la construcción del parque y la reurbanización, ¿no se asemejan a aquellas intenciones?
—No. Eso no pasó acá porque el grupo afrodescendiente que había vivido ahí ya no existía. El caserío era mucho más anterior, pero los negros de antaño se fueron yendo a otros lugares y los lotes se fueron vendiendo a personas criollas más acomodadas, quienes comenzaron a construir viviendas más sólidas. El nuevo asentamiento creció haciendo emigrar a los antiguos negros que vivían en Camba Cuá.
Hoy el parque es un patrimonio cultural turístico que representa el escenario de lo que fue el barrio.
—Como te contaba anteriormente, A partir de 1995 comencé a plantearme que si yo vivía en el Camba Cuá y había participado de la fiesta, entonces por qué no iba a tener un santo. Pero ese fue otro de los inconvenientes que he tenido. Yo no quiero herir la susceptibilidad de nadie, pero yo menciono lo que percibo. Existe el mito, y quizás está bien que eso suceda, de que cuanto más antiguo es el santo, tiene más legitimidad. También… es lo más lógico que puede ocurrir. Pero si un santo tiene un determinado tiempo, en algún momento fue creado, en algún momento fue tallado. Por más que sea hace 200 años, hace 300 años… Si yo, por ejemplo, pudiera conseguir las astillas de la cruz de Jesucristo, eso no implica que, si eso es verdadero, si hay otra cruz que se hizo para venerarlo, mucho tiempo después de Jesucristo, ese símbolo no guarde un gran valor. Seguramente también tiene su valor. Pero cuanto más se aleja en el tiempo, más importancia tiene. Por eso yo le puse al santo “San Baltasar 2000”, que fue el año en que mandé a construir el santo.
—Acá a la vuelta hay una familia de apellido Ríos, que tienen en custodia al santo que tenía la familia Cosio y que también formó parte de la fiesta en la casa de los Abad, que te mencioné hace un rato. Ellos tienen los dos santos. Porque otra cosa particular que tiene San Baltasar es que está asociado al Niño. Como es lógico, porque San Baltasar es uno de los reyes que visitó al Niño después de su nacimiento. Ahora, lo que yo no determinó y que tengo que estudiar en algún momento es que a San Baltasar lo relacionan con el niño Jesús de Praga. Praga es la capital de República Checa.
—Bueno… Yo tuve un inconveniente porque la familia que tenía a este santo me decía que el de ellos era el santo original, el auténtico, el verdadero. Y me trataban a mí como a un usurpador de la fiesta. Acusaban de que nuestra familia no tenía nada que hacer con este santo, porque no tenía ninguna vigencia, y que por ser nuevo no tenía valor. Entonces, lo que hicimos nosotros fue darle valor a través de la participación en la fiesta. Y la gente, con el correr del tiempo, lo aceptó. La otra familia también hace la fiesta, pero de manera distinta a la nuestra. Con un ritual de distintas características.
—Mi intención, desde el punto de vista religioso, era concentrar los santos que pudiéramos. Porque, afortunadamente hay varios santos que están diseminados por los distintos barrios y aceptaron la convocatoria. Y hace un tiempo fuimos a Buenos Aires con tres familias: Alegre, Ramírez y Ensinas. Son tres familias que no son originarias de acá, pero cada una de ellas tiene su santo correspondiente. Cada uno de esos santos tiene su historia, porque son más antiguos y vienen de otros lados. En una época estuvieron en zonas rurales. Y estas familias tienen la deferencia de venir con su santo. Ellos podrían haber dicho: “No. Yo tengo mi santo y hago la fiesta en mi casa”, porque es normal que cada familia que tiene un santo a su cuidado haga la fiesta en su propia casa. Pero cuando nosotros les manifestamos nuestra inquietud, ellos aceptaron.
En el caso particular de cada una de estas familia, el santo de los Alegre provino de Asunción; los Ensinas lo trajeron del interior de Corrientes; y la familia Ramírez recibió el santo de parte de sus primos, que no podían custodiarlo más y se lo dieron, y a partir de entonces comenzaron a festejar el seis de enero. Cuando se enteraron de que nosotros también teníamos un santo, comenzaron a venir.
—En este caso, San Baltasar tiene una gran particularidad porque él es patrono del barrio. El nombre Camba Cuá no puede desligarse del nombre de San Baltasar. Uno no puede decir que San Baltasar es de un lugar que no sea Camba Cuá, y tampoco se puede afirmar que Camba Cuá tenga otro santo que no sea San Baltasar. Una cosa se corresponde con la otra. Pese a que las distintas imágenes de San Baltasar en su momento emigraron a otros lugares: llegaron a Empedrado, Entre Ríos, Resistencia y a algunos otros lugares.
Osvaldo nos muestra algunas fotos de fiestas anteriores. Nos señala una imagen particular de una persona disfrazada de San Baltasar durante las celebraciones. Y nos explica:
—Acá en el barrio había un muchacho, Antonio Cáceres, más conocido por Tururú, un personaje que hacía de San Baltasar todos los seis de enero. Le conseguían el atuendo y todo. Era un muchacho humilde y un poco aniñado, por decirlo así. Era de características diferentes. Trabajaba de lustrabotas y tenía la particularidad de acercarse al barrio y participar de la fiesta. Él era afrodescendiente.

—Nosotros lo que hacemos generalmente es lo que se denomina el candombe y batucada por las calles del barrio. Eso lo hacemos, hace ya un tiempo, los días cuatro de enero. Y este año vamos a procurar hacer un evento de otras características: vamos a hacer lo que en Uruguay se conoce como “las llamadas”. Y para esa época creo que ya vamos a tener los tambores. Vamos a juntarnos en la esquina más representativa del barrio y ahí vamos a hacer la llamada.
Luego de este cálido encuentro, nos vamos con la esperanza de que, tal como sucede en Camba Cuá, el resurgimiento de tradiciones y festividades populares que rescatan la presencia en Argentina de grupos olvidados, prenda el entusiasmo en otros rincones del país, para que podamos ver con ojos más profundos los complejos orígenes de nuestra identidad y para que sepamos de un modo mejor y más completo quiénes fueron los hombres y mujeres que hicieron nuestra historia.
Casi un siglo después, Camba Cuá ha sufrido numerosas transformaciones, cambiando su gente y su fisonomía. Pero quedan importantes vestigios de aquellos tiempos. Aún sobrevive el culto a San Baltasar, el santo negro, el santo candombero. Algunos vecinos albergan la figura del santo en sus propias casas, hasta el seis de enero, el día de su homenaje, fecha en que lo sacan a pasear por las calles en una bulliciosa procesión acompañada por la danza y los tambores. Cada seis de enero, el barrio se congrega para celebrar la fiesta de su patrono: San Baltasar, el más negro de los Reyes Magos.
Osvaldo Caballero tiene a su cuidado dos figuras del santo, una de algarrobo y otra de yeso, que mandó a construir especialmente para continuar la ceremonia que tantas veces vivió de niño. En la actualidad, toda su familia participa activamente en la organización de la fiesta y trabaja por la difusión e investigación de la cultura afro en el barrio y la ciudad de Corrientes. Hace unos días nos recibieron en su casa y en una larga mateada durante el atardecer, nos contaron de dónde viene y qué significa este culto que gran parte del barrio lo ha asimilado como propio.

—Yo soy nacido, criado (y si Dios quiere me voy a morir acá) en el barrio Camba Cuá. Muchos de mis contemporáneos ya se fueron a otros barrios… todos mis amigos, mis amigos de la infancia… la gran mayoría, prácticamente todos. Y acá quedamos uno o dos nomás, de los que antes vivíamos, en la época en que las calles de este barrio eran todavía de tierra. Hasta el año 1977 todas estas calles eran de tierra. Yo nací en el ’53, así que durante toda la década del ’60 y hasta pasada la mitad de los ’70 las calles del barrio eran calles de tierra. Cuando yo era chico, durante mi infancia, yo he conocido gente negra. Un señor que… bueno, a mí me quedó el apodo con que todos lo conocían, porque nunca supe su nombre ni apellido, pero nosotros le decíamos Don Sepí, y era un hombre negro jubilado del ferrocarril. El ferrocarril estaba acá en la entrada del puente, ahí estaba el ferrocarril Urquiza. Nosotros teníamos ese medio de transporte que era muy popular y es una lástima que se haya perdido, una cosa tan interesante. Después acá en el barrio había otra señora: doña Miguela. Me acuerdo dónde vivía y todo, pero desconozco sus orígenes y sus antepasados. Me gustaría investigar sobre el asunto.
Esta zona del Camba Cuá es una zona muy querida, muy preciada desde el punto de vista edilicio, vos fijate que en menos de diez años, en la última década, se llenó de edificios de altura, cuando antes eso no existía por acá en el barrio. En la época de las calles de tierra todavía yo conocí, digamos, lo que era medianamente el suburbio de acá de Corrientes. Ésta era la parte postergada de la ciudad, de manera que, de acuerdo a lo que yo leí, con mucha más razón en la antigüedad esto era absolutamente un lugar habitado por gente negra, había muchos negros. Y bueno…ellos tenían sus santos y realizaban sus propias fiestas. Después, con el correr del tiempo, fueron pasando seguramente estos santos y quedaron ya a manos de familias conocidas que acriollaron las fiestas… dejaron de tocar el tambor y cosas por el estilo… y desarrollaron las fiestas a modo criollo, donde se lo tiene al santo en un determinado lugar, se escucha música, se baila, se reza el rosario. Y bueno... quedan reminiscencias, en lo que hace a lecturas que yo he podido rescatar, de, por ejemplo, la negra Salomé, que lógicamente eso está en los escritos. Yo no conocí porque sucedió antes de que yo nazca. Allá por la década del ’20, fue más o menos, 1920… 1930… Ya para 1940, 1950 toda esta fiesta era solamente de tipo popular, cubría un amplio espectro en el barrio, y la particularidad que había para esa época es que había varios santos en el barrio. La familia Cosio, la familia Bedoya, la familia Villanueva… eran quienes tenían a los santos en cada una de sus casas. Y bueno… esa particularidad que mencioné es que las familias procuraban que en cada una de las fiestas su santo fuera el mejor provisto, en una especie de competencia, era una oportunidad de resaltar ante la comunidad, brindar al santo una buena atención y todo lo mejor que se le pueda otorgar frente a los demás vecinos del barrio en ese contexto festivo. Había como una rivalidad para sobresalir en ese sentido.

—Entonces, con el correr del tiempo, lo último que yo me acuerdo, es que la familia Cosio desaparece y queda el santo a manos de una familia de apellido Abad, que particularmente a partir del punto de vista político pertenecía al Partido Autonomista, de perfil conservador, y cuyo color era el rojo, mientras los liberales, sus contrarios, se identificaban con el color azul. Entonces, coincidentemente, el color del rojo es el color que también determina al color del santo San Baltasar. Y desde el punto de vista religioso popular, me doy cuenta de que la mayoría de los santos populares tienen el color rojo, como el gaucho Gil, Santa Librada… es como el pendón que elige la gente, es el color que resalta y se ve de lejos. San Baltasar, por momentos, tenía sus banderas (ahora también las tiene, porque las hago yo) y se salía por el barrio a hacer la procesión durante el día 5 y se llevaba, en su momento, a una iglesia que está acá en el casco céntrico, que es la iglesia de La Merced, frente a la plaza 25 de Mayo. Particularmente, ahora tenemos acá una capilla que es de la María Auxiliadora y que pertenece al Instituto Pío XI y que ya institucionalizó, digamos, hace un tiempo atrás, la misa a San Baltasar propiamente dicha, que se realiza ahora todos los 6 de enero. Anteriormente la misa era comunitaria. Sólo se hacía mención al santo, se mencionaba que el 6 de enero era la fiesta de San Baltasar, pero ahora ya se institucionalizó de forma permanente, y entonces nosotros llevamos los santos a esta capilla de Pío XI, que queda sobre la costanera.
Bueno… aquella fiesta se fue perdiendo porque alguna gente después falleció y el cuidado de los santos quedó en manos de los hijos. Otras familias, con el “progreso” y el pasar de los años, emigraron, se trasladaron a otros barrios o se fueron a Buenos Aires. Acá en frente hay un santo cuyo cuidado está a cargo de la familia Valenzuela, y ese santo estuvo muchos años en Buenos Aires. Después, con el tiempo, volvió, y ahora lo tenemos de nuevo acá en el barrio. Y bueno… se pierde esa esencia de la fiesta propiamente dicha. Yo me acuerdo que de chico la gran fiesta era acá en lo de los Abad.
—¿Podría hacernos un breve desarrollo de cómo eran las fiestas cuando usted era chico?
—La fiesta comenzaba a partir del 25 de diciembre, porque tradicionalmente… (otra cosa que se perdió también) era el armado del pesebre, donde las familia hacían la representación del nacimiento. La tradición era que cada familia —y ésta era otra tradición de tipo competitivo— trataba de hacer el mejor pesebre, porque daba prestigio ante los demás y demostraba respeto hacia la festividad. Y nuestra costumbre, de chicos, era ir a visitar a estas familias, entrar y ver los pesebres que se armaban en un determinado lugar de la casa. Se utilizaba particularmente el espinillo, que es un árbol que tiene cuando se lo corta, tiene la particularidad de que las hojas se secan pero no se caen. Entonces se lo adornaba con guirnalda, papelitos de colores, etc.
Bueno, a partir de ahí ya teníamos la presencia de los Reyes Magos, los tres reyes magos conocidos, y uno de los tres reyes era San Baltasar, que para la familia y para la fiesta era el santo canonizado San Baltasar. Entonces esa familia preparaba su altar con el santo en un lugar céntrico de la casa. Y a partir de ese momento la gente empezaba a visitar. Esa era otra de las tradiciones que existían… San Baltasar con altar propio. La diferencia que hay con San Baltasar rey, digamos, que es uno de los reyes magos que visita al niño, es que la figura del rey está en posición de adoración, arrodillado y entregando una ofrenda al niño, pero la gente, para su culto, manda a construir a San Baltasar de pie, parado, como ustedes pueden ver acá, para que se le pueda rendir homenaje y culto. Esa ya es una iniciativa de la comunidad afro. Ya desde la época en que Artigas se exilia en el Paraguay, ya entre los negros que lo siguieron a él desde Uruguay hasta el Paraguay, había familias que llevaban su santo. En el Paraguay también hay una comunidad cercana a Asunción, llamada Kamba Kuá, las dos veces con ka. Kamba Kuá es una palabra de origen guaraní. Kambá significa negro. Y Kuá es el agujero, y por extensión es la cueva. Entonces, seguramente, y esto ya es una opinión particular mía: me pongo en el lugar de la gente, cuando le preguntaban dónde vivían los negros. Y me imagino que la gente respondía: “En las cuevas”. En las zonas de acá de las riberas del río, donde hay piedras. Ahí era donde estaban asentados los negros, y decirle cueva era una manera despectiva de llamarlos. Porque esto era el suburbio total. Venía muy poca gente. Acá las negras lavanderas lavaban en el río.

—Pero era también donde resistía la cultura.
—Efectivamente. Allí estaba asentada la cultura afro. Donde se tocaba el candombe. Pero ya después de todo lo que te hablé… (nosotros estábamos hablando sobre las fiestas populares acriolladas totalmente, que es lo que te estoy mencionando respecto de los Abad) ellos ponían el santo, que era lo vos me preguntaste… Y bueno, se lo seguía visitando, y a don Abad particularmente… porque a mí me queda la figura de don Abad, que era la persona principal de la fiesta, porque él era dueño del santo. Seguramente la señora también tendría su importancia, pero como ella no queda como figura… como por ejemplo doña Mercedes Bedoya, quien era particularmente dueña del santo, aunque eso yo no lo he visto. Tengo lo escrito nomás. Una señora que se sentaba, tenía el altar… le rendían honores también a la dueña del santo, como al propio don Abad.
Y bueno… ya para el día seis se preparaba una gran fiesta. Pero ya durante el día cinco, así como nosotros cuando éramos chicos esperábamos a los Reyes, entre el cinco y el seis de enero, como nos enseñaron nuestros padres, en esa espera de dejar los zapatitos, preparar el pasto y todo ese tipo de cosas… para las fiestas se esperaba el día de San Baltasar. Entonces el día cinco era la gran fiesta, el día cinco a la noche, durante toda la noche, porque la gente tenía que amanecer. Así como se amanece el 24, para esperar el 25 en Navidad, o se amanece el 31 para esperar el año nuevo con bullicio, con fiesta, con comida… Bueno, el día de San Baltasar era exactamente lo mismo durante el día cinco, y se le rendía homenaje a las doce de la noche. Se le hacía lo que se denominaba “el bailecito”. El bailecito, más antaño, era el candombe, propiamente dicho, y ya para estas fiestas populares el dueño o la dueña salía a bailar, en este caso ya un chamamé, porque la celebración ya estaba acriollada, o venían conjuntos, me acuerdo que venían con acordeón, guitarra. En esa época se tenía tocadiscos para pasar música y se festejaba con alegría toda la noche. Y esa era la forma de festejar durante el día cinco, hasta la una o las dos de la madrugada. Después la gente se iba.
La distinción de esta fiesta era la alegría, el bullicio, el baile y la comida. Las familias se juntaban, conversaban… era una fiesta de religiosidad popular muy grande, que en sus primeros momentos no estaba muy bien vista desde el punto de vista católico, aunque de todos modos se permitía que la gente llevara al santo para la fiesta de la Cruz de los Milagros, el día 3 de abril, que es una fiesta muy conocida acá porque corresponde al día de la fundación de Corrientes.
Nosotros a la cruz le decimos “El Santito”, por más que sea una cruz, y la gente venera eso. Y también llamamos así a la imagen misma de San Baltasar: “El santito”, “El Santo”… y otras maneras de nombrarlo es “el Santo Candombero”, “El Santito Candombero”…. Tal es así que la música escrita se llama “Camba Cuá”, no sé si ustedes conocen, escrita por Osvaldo Sosa Cordero. Él ahí en la música cuenta perfectamente lo que era la fiesta en el momento en que era desarrollada principalmente por los negros. Nosotros ahora estamos hablando de la parte más criolla.
Entonces… se lleva al santo a la iglesia… algunos lo llevaban el día cinco a la noche o a la tarde… otros lo llevan el día seis, un rato a la tarde. Lo entronizan, lo dejan en un lugar del altar de la iglesia, se escucha misa, y después se saca al santo y se lo regresa a la casa, mediante una procesión desde la iglesia de La Merced hasta cada uno de sus lugares de residencia. La procesión tiene mucha importancia: hacer pasear al santo por las calles del barrio. Y la procesión debe ser lo más bulliciosa posible, lo más bullanguera. Se compraban, cohetes, bombas de estruendo, se llevaban banderas, bombos… Y el día seis se lo llevaba nuevamente a la casa, se lo entronizaba y bueno… ya quedaba la gran fiesta de la noche, hasta que amanecía el día siete.
—Hay una concordancia, digamos, con otro santo muy popular que es el gaucho Gil, que según la historia dice que el gaucho Gil salió de la fiesta de San Baltasar, allá en su época, y se encaminaba hacia el monte de la zona rural de Mercedes. Y es por ahí donde lo agarran y lo matan el ocho de enero, una fecha muy cercana a la fiesta de San Baltasar. La historia cuenta que él venía de la fiesta.
—Lógicamente que la fiesta de San Baltasar está diseminada a lo largo de toda la geografía de la región. Inclusive algunos se fueron a Resistencia. Tal es así que una familia de apellido Francia, que vivía en Camba Cuá y era de origen afro, cuando se fueron quedó el nieto encargado del santo. Después te voy a mostrar la foto.
Y bueno… la fiesta terminaba con un gran baile. Y luego se despedían.
—Cuando yo era chico ya no se tocaba candombe. Esa tradición quedó arraigada en una localidad de acá del interior de Corrientes, que es Empedrado. Allá, durante la celebración de San Baltasar, todo el tiempo están tocando tambores, porque para ellos es una forma de orar al santo. Cuando tocan están orando, le están hablando al santo, le hacen pedidos, entrar en comunión con él. El santo San Baltasar, por ser venerado por los negros, por los africanos, por los descendientes afro de los esclavos… porque el negro africano no vino a la Argentina o a América porque quiso, no hubiese venido nunca como así lo hicieron las grandes corrientes inmigratorias que a lo largo de la historia argentina formaron importantes colonias europeas. Pero el negro, una vez que fue traído por la fuerza, pasaron varias generaciones hasta que fue abolida la esclavitud, y para ese entonces el negro ya estaba arraigado en esta tierra. Tenía familia, hijos, hermanos, tíos… y así ocurrió a lo largo de todo el continente. Y en Argentina, en particular, los negros quedaron muy solapados, muy escondidos, muy silenciados, en la sociedad y en la cultura. Incluso hay descendientes afro que reniegan de su condición, reniegan de sus raíces pero por una condición de maltrato que han tenido. Como una estrategia de supervivencia.
En julio de 2007 nosotros asistimos en Buenos Aires a un congreso organizado por el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), de donde trajimos alguna información interesante.
—Yo te confieso que anteriormente, cuando uno decía “negro”, era en forma despectiva. Sin hipocresía, te lo digo. Pero ahora me disgusta decir “el negro”, porque ahora estoy consustanciado con todo lo concerniente al pueblo negro. Tengo mucha información y hemos compartido varias cosas. Nosotros no sabemos exactamente qué ascendencia tenemos. Seguramente seamos descendientes de antiguos esclavos africanos. La información se pierde en el árbol genealógico y no sabemos. Pero podemos ser.
En nuestro caso particular, nosotros somos devotos de estos santos por vivir acá en el barrio. Como yo nací y me crié acá, y con el tiempo pienso que voy a morir acá, yo me planteé que no podía ser que no tuviera imagen. Y eso es lo que me motivó a encargar la construcción del santo. Y se lo encargué entonces a Gregorio Cabrera, un gran artesano que tenemos acá, un artesano muy hábil que hace poco viajó a Francia. Él hizo el santo con algarrobo. Es ese que está ahí a la derecha. El otro es de yeso y se lo mandó a construir mi mujer para mi hija.

—Acá en el barrio Camba Cuá había negros que hacían la fiesta que heredaban de sus ancestros. Pero así como el negro fue traído compulsivamente, también así fue compulsivamente insertado en la religión católica. Pero no fue una asimilación pasiva. Ellos sincretizaron su religión afro con los santos católicos. Mi sentido común lo indica: si yo soy negro, voy a elegir un santo católico que tenga piel negra para que yo pueda exteriorizar y manifestar mi propia religión de manera solapada. Yo soy devoto de un santo en el cual me identifico. Porque cuando yo estoy orando a mi santo, indirectamente lo estoy haciendo a mi dios particular. Porque los africanos son politeístas animistas, y para hacer un paralelismo con la religión cristiana, en la cual existen intercesores ante dios (el referente máximo es Jesucristo, pero también hay una gran cantidad de santos… Bueno, en la religión africana suceden cosas similares. Pero ellos, particularmente, ellos interpretan que ese intercesor puede estar vivo en un determinado momento, a través de una persona particular, puede tomar posesión y encarnarse en su cuerpo, a través de un niño, a través de una persona mayor a quien la gente le tenga mucho respeto. Y entonces así, a través del baile, de la danza y del toque de tambor, ellos hacen bajar el espíritu y se encarna en esta persona, y estas personas son las que están encargadas de recibir los pedidos de la gente, que consisten en bendiciones, un bienestar para la familia o para sí mismo, salud, trabajo… pedidos vinculados a lo que un ser humano puede pedir a un ser superior en cuanto a un bienestar futuro. A lo que yo quiero llegar, y que pretendo desmitificar rotundamente en cuanto a la religión africana, quiero desmitificar absolutamente la religión africana respecto de lo que es el umbandismo. El umbandismo no es malo, como tampoco lo es el vudú en Centroamérica, en la zona de Puerto Rico, Haití, etc… o el kimbanda… Se tratan de manifestaciones religiosas africanas, en las cuales ellos tienen su ritual y su forma. Así como nosotros tenemos el culto, la misa, los templos, los santos… y tenemos todo un esquema para poder adorar a nuestros seres superiores, o a nuestros seres divinos, ellos tienen sus propios esquemas. Pero lamentablemente, y esto me lo explicó muy bien Pablo Cirio, un investigador del tema… lamentablemente en la Argentina, la religión umbanda está en manos de gente que no es africana. Y yo tengo entendido que la religión africana no puede ser practicada por otra persona que no sea africana. El que no es negro, o por lo menos descendiente afro, no puede usufructuar esa religión, porque no llega a abarcarla en toda su magnitud, porque no puede entenderla en toda su dimensión. Y lamentablemente, el umbandismo está en manos de gente que le da un sentido comercial. Hay gente, por ejemplo, que se autoproclama pai. Y ese pai usufructúa la religión aprovechándose de la desesperación y la falta de conocimiento que tiene la gente. Las personas, en medio de una crisis, entran a tener fe en esta gente y empiezan a pedir cosas que no corresponden. Por ejemplo, la religión católica tiene determinados santos para hacer pedidos específicos. Si una chica quiere encontrar novio, le pide a San Antonio. Si vos querés conseguir trabajo, le pedís a San Cayetano. Y así… Pero esta religión umbanda que está instalada en Argentina, a través del Ministerio de Educación y Culto, y acá el culto es libre, sus promotores piden la personería jurídica, de manera que desde el punto legal ellos no son molestados. Pero desde el punto de vista religioso, están haciendo mal a la sociedad. Hacen mal porque ellos usufructúan distorsionando las cosas.
—Usted dice que no son africanos, en el sentido de que no son descendientes de africanos, ¿no? No en el sentido del color de piel.
—No claro. Porque hay blancos, rubios y de ojos azules que son descendientes directos de africanos. La negritud no necesariamente implica que la persona que la manifiesta deba tener piel negra. La negritud no está vinculada al color de piel.
—Otra cosa que yo veo, y que me indica el sentido común… acá hay un santo muy popular cuya influencia ha trascendido los límites de Corrientes, y que incluso lo conocen en toda la Argentina, es el gaucho Gil. Pero el gaucho Gil no es santo. Es un personaje muy venerado, pero que también ahora ya lo acepta la Iglesia católica. Porque la imagen del gaucho Gil es llevada en caballo o de diversas maneras hasta las cercanías de la localidad de Mercedes. Llevan la imagen porque la gente que está en el lugar lo tuvo que personificar al gaucho, tuvo que crear una imagen, cada uno a su medida, porque en su momento, el gaucho Gil sólo era la cruz donde él estaba muerto, y no había una imagen que mostrara cómo era él. Entonces se lo retrató desde ese punto de vista en el que está él con sus boleadoras y toda la indumentaria típica de la zona rural. Y bueno… es una posición que inventó la gente. Es un invento, una recreación popular. No así como San Baltasar. San Baltasar no es tan invento de la gente, digamos. San Baltasar es más verdadero, por decirlo así, porque está traído ya de la época de Jesucristo, y ya está mencionado en la Biblia, con los Reyes Magos, como se les decía. Y bueno, mi sentido común me dice que la gente usufructúa al santo, lo usurpa. Y uno va por la ruta y ve banderas. Yo no estoy con ánimos de ofender a nadie, pero independientemente de que ellos puedan ser o no devotos del gaucho Gil, estoy seguro de que lo hacen para que la gente deje unas moneditas. Está tan extendido ese culto… por todos lados, como lo está también la Difunta Correa.
—O San Expedito…
—Bueno… San Expedito es una cosa muy particular, porque es un santo que (entre comillas) se popularizó hace muy poco tiempo. Cuando yo era niño y me enseñaron la religión católica… nadie me dijo nada de San Expedito. Para mí él nunca existió. Se trata de santos más o menos nuevos, que aparecen de acuerdo a las propias necesidades de la gente. También se ha extendido los cultos de la Virgen Desatanudos, la Virgen del Rosario de San Nicolás…
—Eso también habla de que la religión no es un fenómeno estático sino que es algo dinámico. Es una manifestación humana que se va reformulando todo el tiempo.
—Claro. Eso es lo que ocurre. Y bueno, volviendo al tema de San Baltasar, yo estoy empeñado en procurar que la gente conozca las raíces afro que han tenido una gran influencia en la cultura de nuestra sociedad. Pero tengo este gran contrapeso que es la religión umbanda, que es una religión que me juega en contra porque la gente, en su desconocimiento, mete todo en la misma bolsa. Y existe un gran prejuicio contra la cultura afro. Ven lo que hacemos y ya suponen que somos umbanda. Mientras que otros nos dicen que no podemos tocar tambor porque no estamos alegres ni hacemos candombe puro. En determinados lugares se lo acepta y en otros no. Por ejemplo, en Empedrado hay un gran tambor, en el cual se sientan a horcajadas dos personas, una en cada punta, donde están los parches, y tocan el tambor, y dicen que esa es la voz del santo. Pero acá, particularmente en el Camba Cuá, desde que se perdió, la gran mayoría de la gente no conoce la negritud, el candombe y los tambores. La gente te asocia vagamente. Si de repente traés un tambor e inmediatamente te asocian con la religión umbanda. De todos modos, ahora me están fabricando unos tambores que encargué.
—Nosotros le queríamos preguntar acerca de la transformación del barrio Camba Cuá. ¿Por qué el Municipio lo transformó en parque?

—Esa transformación data de mediados de la década de 1980 y corresponde a la intención de darle al barrio un aspecto residencial. Ahora la gente quiere venir a vivir acá al Camba Cuá, cuando antes nadie quería venir para acá. Esa es la paradoja que uno tiene. Y eso a mí me alegra saber que ocurre. Porque yo acá yo viví de chico y nadie quería venir. Y ahora que es tan distinto yo le comento a mis hijos cómo se dio este proceso. Ahora todo esto se llenó de edificios. Si vos vendés tu casa, te la compra un grupo inmobiliario que inmediatamente va a construir un edificio. El barrio está muy requerido.

—Y en este parque, particularmente, a medida que el barrio fue creciendo (tenemos que empezar otra vez de antaño), la gente que vivía en los caseríos se fue yendo y comenzaron a construir casas, casas normales, como cualquiera de las que hay acá. Pero después, con la reestructuración del barrio, cuando las calles fueron asfaltadas, la Municipalidad decide expropiar cuatro manzanas, tira abajo todas las edificaciones y hace lo que hoy es el parque Camba Cuá, porque se trataba de una zona privilegiada y cercana al río. Entonces reurbanizaron, hicieron obras públicas y todo lo demás para solucionar algunos problemas de inundación que existían por aquella época.
—¿Y acá no sucedió un proceso similar al que ocurrió en Montevideo? Allá la Dictadura demolió los conventillos que constituían los centros de concentración más importantes de la cultura afro. En un principio esos conventillos estaban en barrios periféricos y de bajo costo, pero más tarde, con el crecimiento de la dinámica urbana, esas áreas se fueron encareciendo. Los militares acabaron demoliendo esos conventillos para expulsar y dispersar a la población afro. La expropiación de las cuatro manzanas de Camba Cuá, la construcción del parque y la reurbanización, ¿no se asemejan a aquellas intenciones?
—No. Eso no pasó acá porque el grupo afrodescendiente que había vivido ahí ya no existía. El caserío era mucho más anterior, pero los negros de antaño se fueron yendo a otros lugares y los lotes se fueron vendiendo a personas criollas más acomodadas, quienes comenzaron a construir viviendas más sólidas. El nuevo asentamiento creció haciendo emigrar a los antiguos negros que vivían en Camba Cuá.
Hoy el parque es un patrimonio cultural turístico que representa el escenario de lo que fue el barrio.
—Como te contaba anteriormente, A partir de 1995 comencé a plantearme que si yo vivía en el Camba Cuá y había participado de la fiesta, entonces por qué no iba a tener un santo. Pero ese fue otro de los inconvenientes que he tenido. Yo no quiero herir la susceptibilidad de nadie, pero yo menciono lo que percibo. Existe el mito, y quizás está bien que eso suceda, de que cuanto más antiguo es el santo, tiene más legitimidad. También… es lo más lógico que puede ocurrir. Pero si un santo tiene un determinado tiempo, en algún momento fue creado, en algún momento fue tallado. Por más que sea hace 200 años, hace 300 años… Si yo, por ejemplo, pudiera conseguir las astillas de la cruz de Jesucristo, eso no implica que, si eso es verdadero, si hay otra cruz que se hizo para venerarlo, mucho tiempo después de Jesucristo, ese símbolo no guarde un gran valor. Seguramente también tiene su valor. Pero cuanto más se aleja en el tiempo, más importancia tiene. Por eso yo le puse al santo “San Baltasar 2000”, que fue el año en que mandé a construir el santo.
—Acá a la vuelta hay una familia de apellido Ríos, que tienen en custodia al santo que tenía la familia Cosio y que también formó parte de la fiesta en la casa de los Abad, que te mencioné hace un rato. Ellos tienen los dos santos. Porque otra cosa particular que tiene San Baltasar es que está asociado al Niño. Como es lógico, porque San Baltasar es uno de los reyes que visitó al Niño después de su nacimiento. Ahora, lo que yo no determinó y que tengo que estudiar en algún momento es que a San Baltasar lo relacionan con el niño Jesús de Praga. Praga es la capital de República Checa.
—Bueno… Yo tuve un inconveniente porque la familia que tenía a este santo me decía que el de ellos era el santo original, el auténtico, el verdadero. Y me trataban a mí como a un usurpador de la fiesta. Acusaban de que nuestra familia no tenía nada que hacer con este santo, porque no tenía ninguna vigencia, y que por ser nuevo no tenía valor. Entonces, lo que hicimos nosotros fue darle valor a través de la participación en la fiesta. Y la gente, con el correr del tiempo, lo aceptó. La otra familia también hace la fiesta, pero de manera distinta a la nuestra. Con un ritual de distintas características.
—Mi intención, desde el punto de vista religioso, era concentrar los santos que pudiéramos. Porque, afortunadamente hay varios santos que están diseminados por los distintos barrios y aceptaron la convocatoria. Y hace un tiempo fuimos a Buenos Aires con tres familias: Alegre, Ramírez y Ensinas. Son tres familias que no son originarias de acá, pero cada una de ellas tiene su santo correspondiente. Cada uno de esos santos tiene su historia, porque son más antiguos y vienen de otros lados. En una época estuvieron en zonas rurales. Y estas familias tienen la deferencia de venir con su santo. Ellos podrían haber dicho: “No. Yo tengo mi santo y hago la fiesta en mi casa”, porque es normal que cada familia que tiene un santo a su cuidado haga la fiesta en su propia casa. Pero cuando nosotros les manifestamos nuestra inquietud, ellos aceptaron.
En el caso particular de cada una de estas familia, el santo de los Alegre provino de Asunción; los Ensinas lo trajeron del interior de Corrientes; y la familia Ramírez recibió el santo de parte de sus primos, que no podían custodiarlo más y se lo dieron, y a partir de entonces comenzaron a festejar el seis de enero. Cuando se enteraron de que nosotros también teníamos un santo, comenzaron a venir.
—En este caso, San Baltasar tiene una gran particularidad porque él es patrono del barrio. El nombre Camba Cuá no puede desligarse del nombre de San Baltasar. Uno no puede decir que San Baltasar es de un lugar que no sea Camba Cuá, y tampoco se puede afirmar que Camba Cuá tenga otro santo que no sea San Baltasar. Una cosa se corresponde con la otra. Pese a que las distintas imágenes de San Baltasar en su momento emigraron a otros lugares: llegaron a Empedrado, Entre Ríos, Resistencia y a algunos otros lugares.
Osvaldo nos muestra algunas fotos de fiestas anteriores. Nos señala una imagen particular de una persona disfrazada de San Baltasar durante las celebraciones. Y nos explica:
—Acá en el barrio había un muchacho, Antonio Cáceres, más conocido por Tururú, un personaje que hacía de San Baltasar todos los seis de enero. Le conseguían el atuendo y todo. Era un muchacho humilde y un poco aniñado, por decirlo así. Era de características diferentes. Trabajaba de lustrabotas y tenía la particularidad de acercarse al barrio y participar de la fiesta. Él era afrodescendiente.

—Nosotros lo que hacemos generalmente es lo que se denomina el candombe y batucada por las calles del barrio. Eso lo hacemos, hace ya un tiempo, los días cuatro de enero. Y este año vamos a procurar hacer un evento de otras características: vamos a hacer lo que en Uruguay se conoce como “las llamadas”. Y para esa época creo que ya vamos a tener los tambores. Vamos a juntarnos en la esquina más representativa del barrio y ahí vamos a hacer la llamada.
Luego de este cálido encuentro, nos vamos con la esperanza de que, tal como sucede en Camba Cuá, el resurgimiento de tradiciones y festividades populares que rescatan la presencia en Argentina de grupos olvidados, prenda el entusiasmo en otros rincones del país, para que podamos ver con ojos más profundos los complejos orígenes de nuestra identidad y para que sepamos de un modo mejor y más completo quiénes fueron los hombres y mujeres que hicieron nuestra historia.
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